Historias · Crónica · Medida directa

El que guarda siempre tiene: agua disponible antes de una emergencia

En la población Las Pozas, en la ciudad de Nacimiento, Luis Mariano Navarrete —más conocido por sus vecinos como Mariano— mantiene una práctica sencilla: guardar agua antes de que haga falta. Lo que comenzó como una costumbre familiar en el campo terminó convirtiéndose en una forma cotidiana de prepararse frente a incendios, cortes de suministro y otras emergencias.

En el patio de la casa todavía se puede ver el tambor. No está instalado como antes, pero sigue ahí, apoyado cerca del muro, esperando volver a su lugar. Durante años estuvo elevado a varios metros de altura y conectado al sistema de agua de la vivienda. Cuando el suministro se cortaba, bastaba abrir una llave para que el agua almacenada bajara por gravedad hacia la casa.

Mariano dice que en algún momento tendrá que volver a instalarlo. No lo plantea como una urgencia, sino como algo pendiente. Para él, guardar agua siempre ha sido una forma de anticiparse.

La historia de Mariano muestra cómo una decisión cotidiana puede transformarse en una forma concreta de preparación frente a distintas emergencias. En zonas donde el fuego, los cortes de suministro y otros eventos críticos forman parte del horizonte posible, almacenar agua no es solo una costumbre doméstica: también es una manera de reducir incertidumbre y sostener la vida diaria cuando el entorno cambia de golpe.

Guardar agua antes de que haga falta

"Siempre hay que estar preparado", explica. "Si se corta la luz o pasa algo, el agua tiene que estar ahí".

La población Las Pozas, en Nacimiento, se encuentra rodeada por pastizales y pequeños bosquetes de pinos. Durante el verano, cuando el calor se vuelve más seco y persistente, ese entorno adquiere otra dimensión. El fuego no es algo lejano. Es una posibilidad que aparece cada temporada.

Pero la historia de ese tambor de agua no comenzó en la ciudad.

Tambor de agua en la vivienda de Mariano como sistema doméstico de respaldo

El tambor de agua en la vivienda de Mariano representa una forma cotidiana de anticiparse a cortes de suministro, incendios y otras emergencias. Registro visual de apoyo · Referencia creada con inteligencia artificial

Del campo a la ciudad

Durante años, Mariano vivió y trabajó en un predio rural de la comuna, donde su familia mantiene una casa y actividades agrícolas, y donde él se dedica a la apicultura. En ese entorno, el fuego forma parte del paisaje de una manera distinta. No siempre llega como un gran incendio, sino muchas veces como pequeños focos que aparecen por descuidos o condiciones del entorno.

Trabajar con abejas implica usar un ahumador, un dispositivo que mantiene brasas encendidas para generar humo y tranquilizar a las colmenas. Ese mismo elemento, si se cae o se destapa sobre pasto seco, puede iniciar un incendio.

"Dentro del ahumador hay brasas", explica. "Si uno lo deja mal tapado o se cae, puede empezar un incendio".

Por esa razón comenzó a transportar agua durante la temporada más seca. En algunas salidas llevaba un tambor en el vehículo, junto a baldes, una bomba y otras herramientas básicas. La idea era simple: si aparecía un foco pequeño, el agua tenía que estar cerca.

En varias ocasiones ese sistema permitió responder rápidamente ante situaciones menores antes de que se propagaran.

Cuando la preparación deja de ser teoría

El verano de 2023 fue distinto.

Mariano recuerda ese episodio como el incendio Santa Ana, ocurrido a comienzos de febrero de 2023. Según relata, el fuego comenzó cerca de Angol, en el sector de Butaco, a varios kilómetros del campo familiar. Durante el día observó la proyección del incendio y, por la dirección del viento, parecía avanzar hacia otro lugar.

Pero con el paso de las horas el escenario cambió. El viento modificó la dirección del fuego y el incendio terminó acercándose al sector donde estaba la casa familiar. Bomberos alcanzó a llegar y mojó la vivienda y parte del entorno. También se intentó humedecer el pasto cercano. Pero la magnitud del incendio era mucho mayor que cualquier preparación doméstica.

Durante la noche, el fuego avanzó hacia Nacimiento por la ribera del río Vergara. Por un momento el viento se calmó, pero cerca de la medianoche volvió a levantarse. Entonces apareció detrás del cerro un frente amplio, con llamas, humo y ruido de árboles quebrándose.

"Salimos como a las cuatro de la mañana", recuerda. "El fuego venía avanzando y tuvimos que escapar hacia Angol".

En ese momento, el agua que llevaba ya no podía cumplir la misma función que en un foco pequeño. Frente a un incendio de esa escala, era apenas una gota. Había que cargar la camioneta con lo que se pudiera rescatar —ropa de cama, televisor, gas, cocina— y salir antes de quedar encerrados.

Las pavesas comenzaron a caer alrededor de la casa, incluso desde varios cientos de metros de distancia. Algunos puntos de pasto se encendieron y alcanzaron a apagarse, pero el fuego venía demasiado cerca. La decisión dejó de ser apagar. Había que evacuar.

Cuando regresó al día siguiente, gran parte del terreno estaba quemado. La mayoría de sus colmenas se había perdido. La casa familiar logró salvarse, pero la experiencia dejó una lección difícil: el agua disponible puede ayudar, pero no siempre alcanza cuando el incendio cambia de escala.

Tambor de 200 litros montado sobre un camión tres cuartos para apoyar el trabajo apícola de Mariano durante la temporada seca

En el predio rural, Mariano comenzó a transportar agua en su vehículo como una forma de tener respuesta cerca del punto de riesgo. Registro visual de apoyo · Referencia creada con inteligencia artificial

La utilidad de guardar agua ya se había hecho evidente mucho antes. Después del terremoto de 2010, el suministro se volvió irregular en distintos sectores de Nacimiento. Mariano tenía un estanque elevado conectado a la vivienda, pero el agua almacenada se terminó rápidamente. Entonces decidió hacer algo más.

Con su camión comenzó a ir al río a buscar agua para volver a llenar el estanque.

Una y otra vez.

"Yo iba al río a buscar agua y llenaba el estanque", recuerda. "Después la gente venía a buscar".

Con el paso de los días, algunos vecinos comenzaron a acercarse a su casa para abastecerse. El estanque no solo permitió sostener a su familia, sino también apoyar a otros en el barrio.

La experiencia reforzó una idea que ya venía construyendo desde antes: en una emergencia, lo importante no es solo que exista agua en el entorno, sino que esté disponible cuando se necesita.

Hoy el estanque elevado ya no está conectado. Una ampliación en la vivienda obligó a desmontarlo temporalmente, pero el tambor sigue en el patio, esperando volver a instalarse.

Con el tiempo, esa forma de anticiparse no se ha limitado al agua. Mariano también mantiene generadores eléctricos en la casa: uno pequeño para iluminación básica y otro de mayor capacidad que puede alimentar distintos equipos cuando se corta el suministro. Además, ha ido incorporando focos solares en puntos clave, como la cocina, el baño, los pasillos, las escaleras o las zonas de salida.

Para él, esos focos son una medida simple y útil. Si ocurre un corte de luz durante una emergencia, lo mínimo es poder ver por dónde moverse, evitar tropiezos y encontrar una vía de escape. Es una preparación pequeña, pero concreta.

También suele andar con herramientas básicas cuando va al campo: pala, motobomba, motosierra, hacha o podón. No las piensa solo para incendios. Sirven para despejar un camino, resolver un imprevisto o enfrentar una situación que aparece de golpe. En su experiencia, prepararse tiene que ver con tener a mano aquello que puede hacer falta antes de que haga falta.

Para él, prepararse no tiene que ver con vivir con miedo.

Tiene que ver con la tranquilidad.

A veces comenta que muchas personas no consideran algo tan simple como mantener agua disponible en sus casas. Incluso algo mínimo —como dejar agua caliente desde la noche anterior para poder preparar un café si se corta la electricidad— puede marcar la diferencia cuando ocurre un imprevisto.

"No es algo complicado", dice. "Es cosa de anticiparse un poco".

En lugares donde el fuego puede aparecer cada verano —o donde un terremoto puede interrumpir el suministro durante días— esa forma de anticiparse no siempre es visible.

Pero cuando ocurre una emergencia, puede cambiar la manera en que se enfrenta. Mariano no puede evitar que llegue el fuego. Pero sí puede decidir algo antes. Guardar agua, preparar una salida, iluminar los puntos clave y tener herramientas a mano.