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El agua disponible no es suficiente: qué determina realmente la preparación frente a un incendio

Tener agua cerca puede marcar una diferencia real frente a un foco pequeño. Pero cuando el fuego escala, la evidencia muestra que el agua sola no alcanza — y que en muchos casos deja de estar disponible justo cuando más se necesita. La preparación efectiva depende de decisiones que van más allá del agua guardada.

Mariano transportaba agua en su camioneta. Cuando el incendio de 2023 avanzó sobre el predio donde tenía sus colmenas, esa agua le permitió enfriar estructuras y salvar parte de su trabajo. Pero también perdió la mayor parte de las colmenas. La preparación funcionó, y al mismo tiempo no fue suficiente.

Esa tensión —entre lo que el agua puede hacer y lo que no puede— es precisamente lo que la investigación científica reciente sobre incendios forestales ha comenzado a documentar con mayor precisión. Y la conclusión es consistente: el agua es un recurso crítico, pero sus límites son reales y más complejos de lo que suele suponerse.

Escena dividida que muestra agua disponible en una vivienda de interfaz urbano-forestal y un incendio avanzando sobre el entorno

Tener agua disponible puede marcar una diferencia real, pero no garantiza por sí sola que una vivienda o un barrio estén preparados frente a un incendio forestal. Lectura visual · Referencia creada con inteligencia artificial

El problema no es solo cuánta agua tienes

Durante años, la discusión sobre agua e incendios se centró en la cantidad: cuántos litros almacenados, cuánta presión disponible, cuánto tiempo de autonomía. La investigación más reciente desplaza ese foco hacia un problema diferente: la infraestructura de agua puede colapsar justo durante la emergencia, incluso cuando el recurso estaba disponible antes de que llegara el fuego.

El incendio de Maui en 2023 documentó este patrón con claridad. Sowby y Porter (2024) identificaron fallos encadenados en el sistema de agua: liberación tardía de las reservas de emergencia, cortes eléctricos que impidieron el bombeo, pérdidas masivas de agua en estructuras que de todos modos se perdieron y fugas generalizadas en tuberías dañadas por el calor. El agua existía, pero el sistema que debía distribuirla dejó de funcionar en el momento crítico.

Un patrón similar se documentó en el incendio Marshall en Colorado. Whelton et al. (2023) describieron cómo todos los sistemas de agua de la zona perdieron energía y se despresurizaron simultáneamente, comprometiendo tanto el apoyo a los bomberos como la calidad del agua para consumo humano en los días posteriores. La contaminación con compuestos orgánicos volátiles en las tuberías afectó el suministro durante semanas.

Belongia et al. (2023) sintetizan este problema en términos estructurales: en la interfaz urbano-forestal, los incendios dañan redes de distribución, provocan pérdida de presión, cortan la electricidad necesaria para bombear y contaminan las tuberías. El resultado es que el agua deja de estar disponible para extinción y para consumo al mismo tiempo.

En zonas rurales, el límite es el caudal

En asentamientos rurales y dispersos el problema toma otra forma. No es el colapso de una red, sino la insuficiencia del caudal disponible frente a fuegos de cierta magnitud.

Löffel y Walls (2020) calcularon los caudales mínimos necesarios para que una comunidad pueda suprimir incendios en viviendas pequeñas: entre 23 y 40 litros por minuto. Por encima de ese umbral, el control comunitario sin infraestructura adicional se vuelve inviable. En la práctica, muchas fuentes rurales no alcanzan ese caudal de manera sostenida, especialmente en temporada seca.

Arabatzis et al. (2024) agregan otra variable: la proximidad a caminos. En territorios forestales remotos, la distancia a la red vial retrasa la llegada de recursos hídricos móviles — camiones cisterna, bombas portátiles — y agrava el riesgo para comunidades que no pueden acceder a fuentes alternativas por sus propios medios. Su investigación propone mapear y conectar ríos, embalses pequeños y puntos de acceso vehicular como una red territorial de recursos hídricos para apoyo a la extinción.

Un riesgo que se extiende más allá del incendio

La investigación también documenta un efecto que suele quedar fuera del debate público: los incendios grandes degradan la calidad del agua de cuencas enteras durante meses o años después del evento. Robinne et al. (2021) advierten sobre riesgos extremos para el suministro de agua comunitario derivados de incendios forestales, incluyendo turbidez elevada, sedimentos y contaminantes que afectan plantas de tratamiento que abastecen tanto a ciudades como a poblaciones rurales.

Williams et al. (2022) documentaron el impacto creciente de los incendios sobre el suministro de agua en el oeste de Estados Unidos, mostrando que este efecto se ha intensificado en las últimas décadas a medida que los incendios aumentan en frecuencia y magnitud. Wachter et al. (2025) desarrollaron metodología para identificar qué sistemas de agua comunitarios en zonas rurales están más expuestos a incendios aguas arriba, con el fin de priorizar intervenciones en los más vulnerables.

Qué propone la investigación reciente

Frente a este panorama, los estudios más recientes convergen en un conjunto de medidas que van más allá de guardar agua. Pierce et al. (2025) proponen redefinir las expectativas sobre los sistemas urbanos de agua frente a incendios, incluyendo rociadores de techo, tanques domiciliarios y una coordinación más estrecha entre sistemas de agua y servicios de emergencia. Porse et al. (2025) plantean adaptar la infraestructura urbana de agua para el contexto de incendios del siglo XXI, con respaldo eléctrico confiable, mayor capacidad de almacenamiento y bombeo, y válvulas sectorizadas que permitan aislar zonas afectadas.

Esquema que muestra que la preparación frente a incendios depende de agua disponible, bombeo y energía, infraestructura de red, coordinación, comprensión del riesgo y medidas combinadas

La evidencia reciente coincide en que la preparación frente a incendios no depende de una sola medida, sino de decisiones concretas y combinadas que permitan reducir vulnerabilidades. Síntesis visual · Referencia creada con inteligencia artificial

Sowby y Porter (2024) y Belongia et al. (2023) coinciden en que la resiliencia del sistema de agua frente a incendios requiere planificación previa específica — no solo infraestructura general. Y Moritz et al. (2022) señalan que los programas regionales de mitigación deben incluir explícitamente las deficiencias de suministro de agua como una vulnerabilidad a corregir, no como un problema secundario.

Lo que la evidencia muestra, en conjunto, es que el agua es parte de la preparación — pero solo parte. Su disponibilidad depende de sistemas que pueden fallar, de caudales que pueden ser insuficientes y de infraestructura que puede colapsar en el momento más crítico. Entender cómo se genera el riesgo de ignición en actividades cotidianas es el primer paso para saber qué tipo de preparación tiene sentido.

Prepararse frente a incendios no consiste en encontrar una solución definitiva. Consiste en reducir, con decisiones concretas y combinadas, la probabilidad de que todo se pierda a la vez. El agua disponible es parte de esa preparación. Solo parte.

Referencias

  • Arabatzis, G. et al. (2024). Optimal Allocation of Water Reservoirs for Sustainable Wildfire Prevention Planning via AHP-TOPSIS and Forest Road Network Analysis. Sustainability. https://doi.org/10.3390/su16020936
  • Belongia, M. et al. (2023). Building water resilience in the face of cascading wildfire risks. Science Advances, 9. https://doi.org/10.1126/sciadv.adf9534
  • Löffel, S., & Walls, R. (2020). Determination of water application rates required for communities to suppress post-flashover informal settlement fires. Fire and Materials, 44. https://doi.org/10.1002/fam.2825
  • Moritz, M. et al. (2022). Beyond a Focus on Fuel Reduction in the WUI. Frontiers in Forests and Global Change, 5. https://doi.org/10.3389/ffgc.2022.848254
  • Pierce, G. et al. (2025). Redefining expectations for urban water supply systems to fight wildfires. Nature Water, 3. https://doi.org/10.1038/s44221-025-00405-y
  • Porse, E. et al. (2025). Adapting urban water supply infrastructure and policies for wildfire in the 21st century. Environmental Research Letters, 20. https://doi.org/10.1088/1748-9326/ae1a9a
  • Robinne, F. et al. (2021). Scientists' warning on extreme wildfire risks to water supply. Hydrological Processes, 35. https://doi.org/10.1002/hyp.14086
  • Sowby, R., & Porter, B. (2024). Water Supply and Firefighting: Early Lessons from the 2023 Maui Fires. Water. https://doi.org/10.3390/w16040600
  • Wachter, C. et al. (2025). Characterizing community water systems exposed to wildfire in the Western U.S.. Science of the Total Environment, 989. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2025.179814
  • Whelton, A. et al. (2023). The Marshall fire: Scientific and policy needs for water system disaster response. AWWA Water Science, 5. https://doi.org/10.1002/aws2.1318
  • Williams, A. et al. (2022). Growing impact of wildfire on western US water supply. PNAS, 119. https://doi.org/10.1073/pnas.2114069119