Historias · Crónica · Medida indirecta

Lo que los gatos obligan a hacer

En la población Las Pozas, en Nacimiento, Jimena Gallegos sube a su techo varias veces al año para limpiar lo que dejan los gatos y lo que arrastra el viento desde la vegetación del cerro. No lo hace pensando en el fuego. Pero lo que retira de ahí arriba es exactamente lo que una brasa necesita para encender una casa.

En el techo siempre hay algo. Jimena lo sabe porque sube seguido. No por el fuego — eso vino después, con las charlas y las conversaciones en la junta. Sube porque los gatos se instalan ahí con la misma naturalidad con que los perros ocupan las veredas, y dejan rastros que se mezclan con lo que trae el viento desde la vegetación circundante: hojas secas, ramas pequeñas, polvo, materia que se va compactando en las canaletas hasta taparlas.

Jimena no lo llama prevención de incendios. Lo llama mantención.

La historia de Jimena muestra algo que ocurre en muchos hogares de la interfaz urbano-forestal sin que sus habitantes lo nombren así: decisiones tomadas por razones completamente distintas al fuego que terminan reduciendo la vulnerabilidad de una vivienda frente a él. En Las Pozas, donde los techos de casas pareadas se conectan entre sí y la vegetación del cerro llega hasta los patios traseros, un techo limpio no es solo un techo en orden. Es también una barrera que puede marcar la diferencia cuando una brasa viaja por el viento.

El salón y la población

Jimena lleva años en Las Pozas. Conoce el sector desde adentro — desde las conversaciones que ocurren cuando alguien se sienta en el salón de belleza que tiene en su casa y no tiene apuro. Ahí se construyó parte del vínculo con el barrio: las preocupaciones compartidas, lo que pasa en el cerro, lo que cambia con las estaciones.

Desde ese lugar, y desde su rol como vicepresidenta de la junta de vecinos, Jimena construyó una mirada sobre Las Pozas que va más allá de su propia casa. Ve el conjunto. Ve los puntos del cerro donde la basura se deposita y la vegetación crece sin control, formando concentraciones de material que en verano pueden convertirse en combustible. Ve la forma en que las casas están dispuestas — pareadas, con patios que se tocan, con el cerro al fondo — y entiende lo que eso significa cuando el viento sopla en la dirección equivocada.

"Nosotros vivimos en un polvorín acá", dice.

Las Pozas está rodeada por pastizales y vegetación que en verano se seca rápido. El cerro está cerca. Las casas son pareadas, los patios se tocan, y lo que ocurre en una vivienda puede propagarse a la siguiente con una velocidad que la mayoría no ha experimentado de cerca — pero que Jimena considera cada temporada.

Subir por los gatos, encontrar otra cosa

La población tiene gatos. Muchos. Se instalan en los techos y dejan rastros que con el tiempo se acumulan junto con lo que arrastra el viento desde la vegetación circundante: hojas secas, ramillas, polvo, materia orgánica que se va compactando en las canaletas hasta taparlas.

"Limpio la estufa, limpio las canaletas, limpio mi parque afuera, ordeno mi parque interior", explica Jimena. "Veo que hay hojas ahí afuera."

La razón original es práctica y doméstica: si las canaletas se tapan, el agua de lluvia no escurre y puede inundar. Es un problema de mantención básica, no de prevención de incendios. Pero el efecto secundario es real: al retirar la acumulación de hojas y materia seca del techo, Jimena está eliminando exactamente el tipo de combustible que una brasa transportada por el viento necesita para iniciar un fuego estructural.

Ella lo conectó después, cuando participó en las charlas que organizó CONAF en el marco del programa Comunidades Preparadas.

"Me quedó muy claro que no debo tener árboles apegados a la casa", recuerda. "Y que lo que se acumula arriba es un problema."

Lo que antes era solo orden, después tuvo otro nombre.

El contexto que rodea la casa

Las Pozas no está sola en esto. La población forma parte del programa Comunidades Preparadas frente a Incendios Forestales de CONAF, lo que ha permitido gestionar intervenciones concretas en el entorno.

Trabajo de cortafuegos en los alrededores de la población Las Pozas en coordinación con CONAF y el municipio

Los cortafuegos realizados en el entorno de Las Pozas son parte de las intervenciones gestionadas a través del programa Comunidades Preparadas de CONAF. Fotografía · Las Pozas, Nacimiento

Cortafuegos realizados en coordinación con el municipio y los propietarios de predios contiguos, actividades de puerta a puerta durante el verano para recordar medidas de prevención, y charlas a la comunidad donde se explicaron los riesgos del entorno inmediato.

Operativo puerta a puerta en Las Pozas durante el verano para recordar medidas de prevención de incendios

Durante el verano, voluntarios y equipos de CONAF recorrieron las casas de Las Pozas para reforzar las medidas de prevención frente a incendios forestales. Fotografía · Las Pozas, Nacimiento

Jimena estuvo en esas instancias. Las promovió. Y le preocupa que actividades como esas, que requieren tiempo y coordinación, lleguen a pocas personas dentro de la misma población.

"De los más de trescientos habitantes que somos, vamos muy pocos", dice. "Y acá hay cosas que nos afectan a todos."

Esa preocupación no es solo retórica. Después de las charlas, Jimena reemplazó algunas plantas aromáticas del jardín — que tienen aceites que las hacen más combustibles — por suculentas y cactus. Eliminó el pasto hace tiempo. Mantiene el entorno de su casa despejado.

"Tengo hartas plantas", dice. "Pero aprendí cuáles no tener."

Lo que una casa limpia no garantiza

Jimena es clara sobre los límites de lo que hace. Sabe que limpiar su techo no protege el de al lado. Sabe que si el cerro se prende en verano, las chispas no respetan quién mantuvo bien su vivienda y quién no. Sabe que en Las Pozas la conectividad vial es un problema — salir en una emergencia puede ser tan difícil como lo fue en el incendio de 2023, cuando los caminos quedaron bloqueados y las familias tuvieron que escapar de madrugada.

"Si viene un incendio de magnitud, todos vamos a estar en riesgo", dice. "Pero hay cosas que uno puede hacer antes."

Esa convicción es lo que la mantiene activa en la junta, lo que la llevó a involucrarse en las capacitaciones, y lo que la hace subir al techo cada vez que los gatos le dan el aviso.

No lo hace por el fuego. Pero el fuego igual le importa.

En Las Pozas, los gatos siguen subiendo a los techos. Jimena también. Y mientras recoge lo que dejaron — junto con las hojas, las ramas y todo lo que el viento arrastró desde el cerro — está haciendo algo que no tiene un nombre simple: mantener en orden una casa que está en un lugar donde el desorden puede costar caro. Lo llama limpieza. También es preparación.